Al organizar la Cumbre mundial de seguridad alimentaria el 16 y 17 de noviembre de 2009, Jacques Diouf, director general de la FAO, quería alentar la reacción de la comunidad internacional frente al aumento sin precedentes del número de personas que padecen hambre.
Con la declaración final de esta Cumbre, los Estados miembros de la FAO son una vez más grandilocuentes: un texto con el que Coordination SUD (coordinación de las ONG francesas de solidaridad internacional) no puede más que estar satisfecha, pero que seguramente no irá seguido de ningún efecto.
Entre los elementos satisfactorios sobre el papel, Coordination SUD subraya:
el reconocimiento del rol fundamental del Comité de Seguridad alimentaria (CSA) como plataforma participativa que agrupa a todos los actores implicados en la puesta en marcha de la seguridad alimentaria bajo la égida de las Naciones Unidas. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, y las organizaciones campesinas, las ONG y el sector privado formarán así parte activa del CSA, considerado como un elemento central de la cooperación mundial para la alimentación. La declaración invita igualmente a que cada Estado cree mecanismos de diálogo con los actores nacionales sobre las cuestiones de seguridad alimentaria;
la reafirmación del derecho a una alimentación adecuada (párrafo 16), del interés de la compra de alimentos en el lugar y en los mercados locales (párrafo 21) y del potencial de atenuación del cambio climático con la agricultura "sostenible" (párrafo 17);
el reconocimiento de la utilidad de la Conferencia internacional sobre la reforma agraria y el desarrollo rural (CIDRADAR), cuyas recomendaciones constituyen una defensa contra los acaparamientos de tierra (párrafo 18).
Pero si la comunidad internacional se involucra para alentar a los pequeños agricultores, y en especial a las mujeres, dedicando cumbres significativas sobre la agricultura y la seguridad alimentaria, esta declaración no precisa de forma explícita los medios que le permitirán alcanzar sus objetivos. Como ocurre con demasiada frecuencia, la comunidad internacional se separa sin haber decidido los mecanismos concretos y las modalidades de financiamiento que le permitirán realizar los compromisos que ha alcanzado, dejando a los mil millones de personas que padecen hambre en el mundo en espera de una reacción a la altura del problema.
Además, la declaración abre caminos que a Coordination SUD le parecen peligrosos, especialmente en materia de biotecnología y agrocarburantes, ya que no precisa que el derecho a la alimentación debe pasar por delante de los objetivos energéticos de la producción de agrocarburantes. Por último, el acento puesto sobre el librecambio y las negociaciones comerciales del Ciclo de Doha es totalmente contradictorio con la necesidad de privilegiar a los pequeños agricultores locales, la producción alimentaria local y la seguridad alimentaria.
La Cumbre podría haber permitido modificar fundamentalmente las lógicas de producción y de distribución alimentaria para poder hacer frente al aumento del hambre pero los Estados miembros se pararon a medio camino y no tomaron las medidas sostenibles que pueden permitir alimentar al mundo.
Coordination SUD : Actualités
Le FIP au FSM : Atelier sur la régulation des marchés agricoles en es ptDocument DNG
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