La primera Cumbre de Presidentes de América Latina y el Caribe, a la que asistieron 33 de los presidentes de la región, ha sido el mejor final para un año en que Latinoamérica ha consolidado su voluntad de integración y autonomía. Este 2008 deberá recordarse como año clave, en que se han cruzado ciertos límites autoimpuestos y fronteras no deseadas que imposibilitaron por largos años la concreción del anhelo integrador.
El signo más palpable de este giro se dio en Santiago, en la cumbre de Unasur que se atrevió a apoyar el proceso democrático boliviano y comisionar a un comité encabezado por Juan Gabriel Valdés para verificar la matanza de Pando. La cumbre de Costa de Sauípe se recordará por dar una nueva señal de autonomía regional: fue el anuncio de la constitución de una organización permanente en la que se subsumirán el actual Grupo de Río y la recién creada Cumbre de América Latina y del Caribe para la Integración y el Desarrollo (CALC). Será la primera organización de este tipo en los 200 años desde la independencia de nuestros estados. Se barajan nombres como Organización de Estados Latinoamericanos y del Caribe o simplemente Unión de Latinoamérica y el Caribe.
En el marco de Unasur se anunció la conformación de un Consejo de Defensa Suramericano, basado en reforzar la confianza entre las Fuerzas Armadas de la región, y un Consejo de Salud Suramericano, cuyo objetivo será la promoción de políticas sanitarias comunes y cooperación en esa materia. Estos avances son innegables. América Latina ha pasado de ser un actor mudo, fragmentado y estático en los debates internacionales, a plantear una posición común ante la actual crisis económica mundial. En razón de esta decisión los gobiernos de la región buscarán participar en forma activa en la conferencia de alto nivel sobre la crisis financiera, que se desarrollará en el marco de la ONU en el primer semestre de 2009. La Presidenta Bachelet ha ofrecido a Chile como sede para desarrollar esta reflexión conjunta.
Estos pasos son palpables y concretos, por lo que han causado la reacción de quienes siempre se han opuesto a la integración y a la independencia de Latinoamérica. Es curioso notar en la prensa chilena un desdén obsesivo hacia una dinámica que es reconocida y valorada por la ciudadanía en cada uno de nuestros países. En esa lógica es curioso notar el afán de tratar de convertir en conflicto el necesario debate que los mandatarios desarrollan y las tensiones propias de la construcción se vuelven, por el arte de magia mediático, en trabas imposibles de superar.
Es cierto que estructuras de la integración latinoamericana, centradas unívocamente en la dimensión comercial, como la Comunidad Andina y el Mercosur, no atraviesan por buenos momentos. Pero la dinámica que surge desde Unasur, el Grupo de Río y los nuevos instrumentos de cooperación regional, impulsarán un proceso que podrá superar estos límites y contradicciones. El verdadero desafío para este proceso integrador radica en incorporar a la ciudadanía. Sin el aporte de la sociedad civil es posible que estos avances sufran retrocesos y no se consoliden. Tal como lo afirma el tratado constitutivo de Unasur: "La participación plena de la ciudadanía en el proceso de la integración y la unión suramericanas, requiere del diálogo y la interacción amplia, democrática, transparente, pluralista, diversa e independiente con los diversos actores sociales, estableciendo canales efectivos de información, consulta y seguimiento en las diferentes instancias de Unasur".
Chile mantendrá hasta la cumbre de abril la presidencia pro tempore de Unasur. Es la oportunidad para que el país inaugure una instancia oficial de información, consulta y seguimiento del proceso. La modalidad debería contemplar una conferencia en la que participen el mundo sindical, ONGs y movimientos sociales de la región y también un espacio de interacción con jefes de Estado y altos representantes al finalizar esta actividad.
América Latina ha dado pasos inimaginables hace muy poco. Consolidar y potenciar este proceso no es sólo tarea de los gobiernos. Ha llegado la hora de asumir la ciudadanía latinoamericana, que nace de la capacidad de tomar conciencia de lo que somos y como un acto de soberanía indelegable.
G8/G20 Governance and regional integration
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